Acabo de volver de Cuba, he estado un mes inspeccionando todo lo que he podido la Isla, cruzándome con gente maravillosa y aprendiendo muchísimo. Sobre su historia, y sobre la mía.

Un mes no da para saber cómo funciona una sociedad pero me ha dado para conocer parte de ella. El poder hablar con locales y compartir tiempo, comidas y coches han contribuido a que me forme una idea.

Igualmente, no voy a hablar de la historia de Cuba. Ni tampoco de La Habana o de la de Cádiz. Pero si me gustaría contar las similitudes entre ambas ciudades.

Habéis oído alguna vez la frase “La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz es La Habana con más salero”?. Es parte de un poema del Sevillano Antonio Burgos. Lo escribió en 1984 y el Granaíno Carlos Cano le puso Música. Una declaración de amor a Cádiz. Una Habanera preciosa. Aquí os dejo una versión cantada por varios coros del Carnaval de Cádiz. Aunque mi favorita es, sin duda, con la voz de María Dolores Pradera.

Bueno, a lo que iba. Cádiz y La Habana. Dos ciudades a las que le han dedicado cantidad de piropos, canciones y poemas. Ciudades fotografiadas y pintadas con colores. La Habana, la perla del caribe. Cádiz, la sirena del océano. 

Cádiz son ciudades hermanadas desde hace más de dos décadas. Cádiz es la hermana mayor… unos 2500 años mayor…

La Habana, como hermana pequeña, heredó sus comerciantes, sus ingenieros militares y sus arquitectos. Y esto hizo que ambas se pareciesen físicamente. Pero también se parecen en su forma de vivir. Ir en chanclas y camisetas, pescar en el campo del sur o el malecón, moverse en bicicleta, disfrutar de la música, socializar en la calle y en los soportales, son cosas que he visto en ambas partes del Océano.

Son tan parecidas que hasta se han rodado (muchas) películas en Cádiz simulando ser La Habana. ¿Recordáis a Halley Berry saliendo del mar en la película “007, muere otro día”? pues es nuestra amada playa de La Caleta.  Sean Connery rodó la película “Cuba” enteramente en Cádiz. 

Por supuesto comparten historia. El comercio con las Américas es el mayor ejemplo. Pero también tuvieron las mismas visitas, como las del ejército Japonés en el siglo XVII, se cruzaron habitantes barco a barco y ola tras ola, y las culturas se mezclaron y se retroalimentaron.

Las circunstancias a lo largo de las diferentes épocas, los años y las situaciones políticas han hecho evidente que, en la intimidad, se nos noten las diferencias personales. Pero la unión está ahí y aún nos queda mucho por vivir. Como buenas hermanas, volveremos a salir de fiesta juntas pronto.